por Pilar Rahola - La Vanguardia. Barcelona.
Irán hierve por los costados, y los progres del mundo enmudecen. ¿Dónde están ahora los pañuelitos, las webs histéricas, las manifestaciones con politiquillos incluidos? En ningún lugar. Esta revuelta les rompe los esquemas, alejada de los dogmas de fe que configuran su pensamiento político.
No es una revuelta contra los malos de manual, cuya presencia excita sobremanera sus delicadas fauces. Los americanos no dirigen la represión –hasta que Michael Moore o Noam Chomsky descubran alguna perversa conspiración judeo-yanqui–; los israelíes no mueven los hilos –demos tiempo a Michael y a Noam–; y todo pasa en el islam, que siempre está libre de toda culpa. Además, el dictador es amigo de uno de los paladines del neorrevolucionarismo, un tal Hugo Chávez, cuya amistad con el tirano iraní ha permitido que el fundamentalismo islámico pusiera su perversa patita en Sudamérica.
Es decir, sin malos clásicos, sin víctimas homologadas y sin paternalismo occidental por repartir, lo de Irán no es una causa. Es, simplemente, una noticia, una de esas noticias que surfean por la conciencia progre, sin hacer ninguna mella. Nada es nuevo, porque esa misma progresía se ha mantenido impasible ante decenas de masacres, dictaduras y todo tipo de represiones, cuyos verdugos no les interesaban, y cuyas víctimas les resultaban indiferentes.
Más allá de vociferar contra los israelíes –que siempre sale gratis–, y de vender una solidaridad de plástico con los palestinos, basada en prejuicios, mentiras y manipulaciones, esta progresía ruidosa, dogmática y reaccionaria no tiene ninguna otra causa que le interese. ¿Por qué? Probablemente porque nunca fueron tan amantes de la libertad como vendieron. Y también porque sus esquemas mentales no han superado la caída del muro de Berlín, y miran al mundo con los mismos ojos con que lo miraban los viejos comunistas.
En esta dialéctica de buenos y malos, la libertad siempre sale perdiendo.
Lo más sorprendente es que estos chillones de lemas vacíos, depositarios, a la vez, de grandes silencios, son los mismos que dividen al mundo entre derecha malvada y progresía justiciera, y nos inundan con proclamas redentoras. Algunos hasta convierten esa dialéctica en un estilo de propaganda, para ganar elecciones. Sin embargo, la realidad a veces es tan dura de oído que no oye los cantos de sirena.
Y ahí está, martilleando los esquemas con sonora eficacia. Fíjense en la sutil contradicción. Contra la dictadura iraní, y contra la represión brutal que ejerce contra la revolución verde de los ciudadanos, los que alzan la voz no son los redentores pancartistas, sino líderes de la derecha, como Angela Merkel o Nicolas Sarkozy. Lo cual nos recuerda una verdad histórica: en defensa de la libertad, no están todos los que son, ni son todos los que están.
En mi opinión
Ideas, artículos y comentarios. En este mundo donde las diferencias entre quienes dicen luchar por la democracia y la libertad y los fanáticos de la muerte han desaparecido, levanto mi voz, junto a la de otros que no se resignan a una nueva era de oscurantismo.
23 junio 2009
28 abril 2009
La encrucijada libanesa
Por Pilar Rahola - La Vanguardia. Barcelona.
Lejos quedan los años de la Suiza de Oriente Próximo,cuando era el centro financiero de toda la región, y uno de sus territorios más cosmopolitas. En pocas décadas de vida como Estado, Líbano ha vivido la gloria de la emancipación y el drama de la guerra, ha aplaudido su independencia y ha llorado su ocupación, y el caudal de esperanzas que un día representó se hace añicos reiteradamente, en el frontón de su caótica realidad.
Patio trasero de otomanos y franceses, es, desde hace decenios, el campo de tiro del conflicto regional, que lo ha conducido a diversas guerras -entre ellas, una sangrante y duradera guerra civil-, a una ocupación endémica del régimen sirio, al asesinato de algunos de sus presidentes y a la existencia de un ejército paralelo, Hizbulah, alimentado por Irán y Siria, que impone su poder más allá de la soberanía del país.
De hecho, la mayoría de los informes aseguran que, hoy por hoy, Hizbulah es un ejército más poderoso que el propio ejército libanés. Por supuesto, los panfletos antiisraelíes al uso culpan al vecino Israel de todos los males de Líbano, lo cual sólo demuestra dos cosas: que la mayoría de los opinólogos ni tan sólo se preocupan de conocer la historia más cercana y que los prejuicios contra Israel pesan por encima del conocimiento riguroso de la verdad.
Veámoslo. El mito, por ejemplo, considera a Israel culpable de las guerras de Líbano. La realidad es más compleja: la extensa guerra civil libanesa, entre milicias cristianas y musulmanas, tuvo a Siria como factor clave desestabilizador, que intervino, armó, llegó y se quedó como ocupante, durante tres decenios. El mito asegura que Israel ocupó Líbano. La realidad recuerda que Israel invadió Líbano en 1982, en un intento militar de acabar con la violencia armada de la OLP, que usaba el País de los Cedros como su patio trasero.
Pero en 1983 firmó un acuerdo de paz, que los sirios impidieron que se ratificara, inició un repliegue unilateral y sólo se mantuvo en la frontera sur (80 km), para impedir las acciones de Hizbulah en su territorio. En el 2000, a pesar del reiterado hostigamiento, se retiró definitivamente, cumpliendo la resolución 425. El retorno israelí a Líbano, en el 2006, fue el colofón de las acciones violentas de Hizbulah, que llegó a secuestrar y matar a soldados israelíes en su propio territorio.
El mito habla de Israel como un país fuera de la legalidad internacional. La realidad nos recuerda que Líbano nunca cumplió la resolución 1559 del Consejo de Seguridad, que obligaba a desarmar a los grupos armados y a garantizar la frontera sur. Gracias a esta impunidad, Hizbulah goza de un ejército profusamente armado con tecnología avanzada, con miles de hombres entrenados y fanatizados con la ideología fundamentalista y con el único objetivo de dominar Líbano -lo cual está cerca de conseguir- y destruir a Israel.
El mito, pues, mira hacia Israel. La realidad nos recuerda que Líbano lleva décadas de ocupación siria -país que incluso ha sido culpado oficialmente del asesinato del presidente libanés Rafiq al Hariri, y que ha ejercido una brutal represión contra la población-, de profusa injerencia iraní y de uso militar de su territorio, para hostigar al Estado hebreo. Si Líbano es, pues, un país desgraciadamente encrucijada de esperanzas quebradas, a pesar de los mitos y la propaganda, hay que mirar hacia el este y no sólo hacia el sur, si se quiere saber, realmente, cuál ha sido su trágica historia.
Todo esto lo sabe la secretaria de Estado Hillary Clinton, que llegó a Beirut este fin de semana, estuvo poco y habló menos, pero dijo lo necesario: los libaneses deben elegir a sus representantes sin "la intimidación y sin interferencias exteriores". La cuestión, conceptualmente, es impecable. Sin embargo, ¿cuántas décadas hace que Líbano no puede tener unas elecciones sin interferencias exteriores, incluyendo asesinatos de candidatos y presidentes? La petición parece un chiste, cuando el mundo nunca ha impedido la ocupación siria durante 30 años, y nada puede hacer con la injerencia iraní. A pesar de todo, Hillary Clinton ha recordado que Líbano existe, y está roto. Ese solo gesto, en un país tan abandonado a su suerte, permite gestar una tímida esperanza.
Lejos quedan los años de la Suiza de Oriente Próximo,cuando era el centro financiero de toda la región, y uno de sus territorios más cosmopolitas. En pocas décadas de vida como Estado, Líbano ha vivido la gloria de la emancipación y el drama de la guerra, ha aplaudido su independencia y ha llorado su ocupación, y el caudal de esperanzas que un día representó se hace añicos reiteradamente, en el frontón de su caótica realidad.
Patio trasero de otomanos y franceses, es, desde hace decenios, el campo de tiro del conflicto regional, que lo ha conducido a diversas guerras -entre ellas, una sangrante y duradera guerra civil-, a una ocupación endémica del régimen sirio, al asesinato de algunos de sus presidentes y a la existencia de un ejército paralelo, Hizbulah, alimentado por Irán y Siria, que impone su poder más allá de la soberanía del país.
De hecho, la mayoría de los informes aseguran que, hoy por hoy, Hizbulah es un ejército más poderoso que el propio ejército libanés. Por supuesto, los panfletos antiisraelíes al uso culpan al vecino Israel de todos los males de Líbano, lo cual sólo demuestra dos cosas: que la mayoría de los opinólogos ni tan sólo se preocupan de conocer la historia más cercana y que los prejuicios contra Israel pesan por encima del conocimiento riguroso de la verdad.
Veámoslo. El mito, por ejemplo, considera a Israel culpable de las guerras de Líbano. La realidad es más compleja: la extensa guerra civil libanesa, entre milicias cristianas y musulmanas, tuvo a Siria como factor clave desestabilizador, que intervino, armó, llegó y se quedó como ocupante, durante tres decenios. El mito asegura que Israel ocupó Líbano. La realidad recuerda que Israel invadió Líbano en 1982, en un intento militar de acabar con la violencia armada de la OLP, que usaba el País de los Cedros como su patio trasero.
Pero en 1983 firmó un acuerdo de paz, que los sirios impidieron que se ratificara, inició un repliegue unilateral y sólo se mantuvo en la frontera sur (80 km), para impedir las acciones de Hizbulah en su territorio. En el 2000, a pesar del reiterado hostigamiento, se retiró definitivamente, cumpliendo la resolución 425. El retorno israelí a Líbano, en el 2006, fue el colofón de las acciones violentas de Hizbulah, que llegó a secuestrar y matar a soldados israelíes en su propio territorio.
El mito habla de Israel como un país fuera de la legalidad internacional. La realidad nos recuerda que Líbano nunca cumplió la resolución 1559 del Consejo de Seguridad, que obligaba a desarmar a los grupos armados y a garantizar la frontera sur. Gracias a esta impunidad, Hizbulah goza de un ejército profusamente armado con tecnología avanzada, con miles de hombres entrenados y fanatizados con la ideología fundamentalista y con el único objetivo de dominar Líbano -lo cual está cerca de conseguir- y destruir a Israel.
El mito, pues, mira hacia Israel. La realidad nos recuerda que Líbano lleva décadas de ocupación siria -país que incluso ha sido culpado oficialmente del asesinato del presidente libanés Rafiq al Hariri, y que ha ejercido una brutal represión contra la población-, de profusa injerencia iraní y de uso militar de su territorio, para hostigar al Estado hebreo. Si Líbano es, pues, un país desgraciadamente encrucijada de esperanzas quebradas, a pesar de los mitos y la propaganda, hay que mirar hacia el este y no sólo hacia el sur, si se quiere saber, realmente, cuál ha sido su trágica historia.
Todo esto lo sabe la secretaria de Estado Hillary Clinton, que llegó a Beirut este fin de semana, estuvo poco y habló menos, pero dijo lo necesario: los libaneses deben elegir a sus representantes sin "la intimidación y sin interferencias exteriores". La cuestión, conceptualmente, es impecable. Sin embargo, ¿cuántas décadas hace que Líbano no puede tener unas elecciones sin interferencias exteriores, incluyendo asesinatos de candidatos y presidentes? La petición parece un chiste, cuando el mundo nunca ha impedido la ocupación siria durante 30 años, y nada puede hacer con la injerencia iraní. A pesar de todo, Hillary Clinton ha recordado que Líbano existe, y está roto. Ese solo gesto, en un país tan abandonado a su suerte, permite gestar una tímida esperanza.
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Democracia,
Israel
22 abril 2009
La vergüenza de Ban Ki Mun
Por Pilar Rahola - La Vanguardia. Barcelona.
Estoy por pensar que ha sido una broma monumental, uno de esos happenings que tanto color pusieron a la adolescencia flower de muchos de nosotros. Es decir, estoy por querer pensar que todo lo que ha ocurrido en Ginebra no ha sido la consecuencia inevitable de una cadena de monumentales irresponsabilidades por parte del alto comisionado para los Derechos Humanos de la ONU, sino un inocente desliz, tintado de humor negro. Estoy por querer pensar todo ello, porque no quiero pensar que la ONU se haya convertido en una caricatura tan lamentable de sí misma.
¿Qué diría Eleanor Roosevelt de la ONU actual, ella que tanto luchó por conseguir un organismo que preservara el derecho internacional, y que incluso presidió el comité que redactó la Carta de Derechos Humanos? ¿Qué dirían todos aquellos que, al albur de una nueva era, creyeron que este organismo ayudaría a consolidar la libertad y la democracia en el mundo?
Si ese fue el objetivo, se ha hecho añicos durante décadas de dar voz a dictaduras feroces, demostrar una absoluta incapacidad para defender a las víctimas, e incluso enseñar la patita antisemita. Hace años que la ONU no es la esperanza blanca del derecho internacional, sino el altavoz privilegiado, desde donde sátrapas de cualquier pelaje proclaman sus delirantes ideas. Atrapada en una Asamblea General repleta de dictaduras, sus intentos por parecer neutral no llegan ni a simulacros. A pesar de todo ello, a pesar de haber llegado a tener al mismísimo Gadafi de presidente de la Comisión de Derechos Humanos, y a pesar de otras tantas alegrías parecidas, aún sorprende que se puedan cometer estas irresponsabilidades en una cumbre contra la intolerancia. O es una broma de mal gusto, o sencillamente la ONU ha perdido completamente el rumbo.
¿Cómo se explica, si no, que a una cumbre para luchar contra el racismo y la intolerancia, se invite al presidente de una dictadura fanática, que condena a muerte a homosexuales y a disidentes, que esclaviza a las mujeres, que ha sido señalada por la justicia como responsable del atentado de Amia, en Buenos Aires, que causó la muerte de 85 personas, y que financia grupos terroristas? ¿Cómo es posible que el hombre que ha organizado un congreso para negar el holocausto de millones de personas, que amenaza a otro país con destruirlo, y que es abiertamente antisemita, tenga la palabra en un foro sobre racismo, el mismo día en que justamente se conmemora la tragedia del holocausto? ¿Es cinismo? ¿Es maldad? ¿Es atontamiento?
¿Es apaciguamiento chamberliano? ¿Es inconsciencia? ¿Qué pensaba la ONU que ocurriría si se daba la palabra, en plena Europa, en el mismísimo día del Holocausto, a un islamofascista responsable de los discursos judeófobos más malvados de la actualidad? ¿Qué pensaban los países que acudieron a la cumbre? ¿Que el hombre se portaría bien, plancharía su camisa y su conciencia, hablaría de forma razonable y se volvería un demócrata de toda la vida? ¿Que las mujeres iraníes ya no sufrirían ningún apartheid? ¿Que estaríamos ante el milagro de Fátima, en versión reloj de cuco? ¿Que Ahmadineyad no se llevaría un éxito de propaganda para su casita? ¿Qué pensaba el bueno de Benedicto XVI, dando la bendición a una cumbre donde ideólogos de la intolerancia tendrían altavoz de lujo?
La verdad es que la situación es tan disparatada, que sólo cabe dar la razón a Martin Luther King cuando dijo aquello de que "nada en el mundo es más peligroso que la ignorancia sincera y la estupidez concienzuda". En este caso, además, se trata de una estupidez reiterada, porque el primer Durban, en el 2001, ya fue un auténtico festival antisemita, denunciado por muchas organizaciones de derechos humanos, como el Centro Simon Wiesenthal, absolutamente escandalizado por el odio antijudío que pudo respirar en la cumbre. Repetir Durban con los mismos esquemas, y además invitando a algunos de los dictadores más notables del planeta, sólo podía llevar al fracaso de la cumbre y al ridículo de la ONU. Y el fracaso es lo mejor que podía pasar, porque la otra opción habría implicado que se dieran por válidos este tipo de interlocutores, y este tipo de discursos. Es decir, o el ridículo y el fracaso; o el éxito de la intolerancia. Realmente la ONU se ha cubierto de gloria.
Capítulo aparte merece la actitud de España, país que promueve una pomposa alianza de civilizaciones y que está en la cumbre, sin dar muestras de querer abandonarla. En este caso, ninguna sorpresa, porque el Gobierno español participa de la delirante idea de pensar que la alianza entre civilizaciones es una alianza entre gobiernos democráticos y algunas bonitas dictaduras, cuyo carácter islámico les da la pátina multicultural. Es decir, lejos de entender que la civilización islámica está entre las mujeres y hombres musulmanes que luchan por sus derechos, y que ellos son los interlocutores válidos, nuestra Moncloa se dedica a hablar con aquellos que los oprimen. ¿Es eso la civilización? ¿O es la enésima empanada mental del muticulturalismo mal digerido? La misma indigestión que inspiró la vergüenza de Durban, el fracaso de Durban II y el ridículo de la ONU. Así les va a los derechos humanos.
Estoy por pensar que ha sido una broma monumental, uno de esos happenings que tanto color pusieron a la adolescencia flower de muchos de nosotros. Es decir, estoy por querer pensar que todo lo que ha ocurrido en Ginebra no ha sido la consecuencia inevitable de una cadena de monumentales irresponsabilidades por parte del alto comisionado para los Derechos Humanos de la ONU, sino un inocente desliz, tintado de humor negro. Estoy por querer pensar todo ello, porque no quiero pensar que la ONU se haya convertido en una caricatura tan lamentable de sí misma.
¿Qué diría Eleanor Roosevelt de la ONU actual, ella que tanto luchó por conseguir un organismo que preservara el derecho internacional, y que incluso presidió el comité que redactó la Carta de Derechos Humanos? ¿Qué dirían todos aquellos que, al albur de una nueva era, creyeron que este organismo ayudaría a consolidar la libertad y la democracia en el mundo?
Si ese fue el objetivo, se ha hecho añicos durante décadas de dar voz a dictaduras feroces, demostrar una absoluta incapacidad para defender a las víctimas, e incluso enseñar la patita antisemita. Hace años que la ONU no es la esperanza blanca del derecho internacional, sino el altavoz privilegiado, desde donde sátrapas de cualquier pelaje proclaman sus delirantes ideas. Atrapada en una Asamblea General repleta de dictaduras, sus intentos por parecer neutral no llegan ni a simulacros. A pesar de todo ello, a pesar de haber llegado a tener al mismísimo Gadafi de presidente de la Comisión de Derechos Humanos, y a pesar de otras tantas alegrías parecidas, aún sorprende que se puedan cometer estas irresponsabilidades en una cumbre contra la intolerancia. O es una broma de mal gusto, o sencillamente la ONU ha perdido completamente el rumbo.
¿Cómo se explica, si no, que a una cumbre para luchar contra el racismo y la intolerancia, se invite al presidente de una dictadura fanática, que condena a muerte a homosexuales y a disidentes, que esclaviza a las mujeres, que ha sido señalada por la justicia como responsable del atentado de Amia, en Buenos Aires, que causó la muerte de 85 personas, y que financia grupos terroristas? ¿Cómo es posible que el hombre que ha organizado un congreso para negar el holocausto de millones de personas, que amenaza a otro país con destruirlo, y que es abiertamente antisemita, tenga la palabra en un foro sobre racismo, el mismo día en que justamente se conmemora la tragedia del holocausto? ¿Es cinismo? ¿Es maldad? ¿Es atontamiento?
¿Es apaciguamiento chamberliano? ¿Es inconsciencia? ¿Qué pensaba la ONU que ocurriría si se daba la palabra, en plena Europa, en el mismísimo día del Holocausto, a un islamofascista responsable de los discursos judeófobos más malvados de la actualidad? ¿Qué pensaban los países que acudieron a la cumbre? ¿Que el hombre se portaría bien, plancharía su camisa y su conciencia, hablaría de forma razonable y se volvería un demócrata de toda la vida? ¿Que las mujeres iraníes ya no sufrirían ningún apartheid? ¿Que estaríamos ante el milagro de Fátima, en versión reloj de cuco? ¿Que Ahmadineyad no se llevaría un éxito de propaganda para su casita? ¿Qué pensaba el bueno de Benedicto XVI, dando la bendición a una cumbre donde ideólogos de la intolerancia tendrían altavoz de lujo?
La verdad es que la situación es tan disparatada, que sólo cabe dar la razón a Martin Luther King cuando dijo aquello de que "nada en el mundo es más peligroso que la ignorancia sincera y la estupidez concienzuda". En este caso, además, se trata de una estupidez reiterada, porque el primer Durban, en el 2001, ya fue un auténtico festival antisemita, denunciado por muchas organizaciones de derechos humanos, como el Centro Simon Wiesenthal, absolutamente escandalizado por el odio antijudío que pudo respirar en la cumbre. Repetir Durban con los mismos esquemas, y además invitando a algunos de los dictadores más notables del planeta, sólo podía llevar al fracaso de la cumbre y al ridículo de la ONU. Y el fracaso es lo mejor que podía pasar, porque la otra opción habría implicado que se dieran por válidos este tipo de interlocutores, y este tipo de discursos. Es decir, o el ridículo y el fracaso; o el éxito de la intolerancia. Realmente la ONU se ha cubierto de gloria.
Capítulo aparte merece la actitud de España, país que promueve una pomposa alianza de civilizaciones y que está en la cumbre, sin dar muestras de querer abandonarla. En este caso, ninguna sorpresa, porque el Gobierno español participa de la delirante idea de pensar que la alianza entre civilizaciones es una alianza entre gobiernos democráticos y algunas bonitas dictaduras, cuyo carácter islámico les da la pátina multicultural. Es decir, lejos de entender que la civilización islámica está entre las mujeres y hombres musulmanes que luchan por sus derechos, y que ellos son los interlocutores válidos, nuestra Moncloa se dedica a hablar con aquellos que los oprimen. ¿Es eso la civilización? ¿O es la enésima empanada mental del muticulturalismo mal digerido? La misma indigestión que inspiró la vergüenza de Durban, el fracaso de Durban II y el ridículo de la ONU. Así les va a los derechos humanos.
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Derechos Humanos,
Judeofobia
13 abril 2009
Una caricatura de Oriente Próximo
Por Clifford D. May - Tomado de Itongadol
No llamemos antisemita o antiisraelí al caricaturista Pat Oliphant. Sólo aclaremos lo que está haciendo: animar a aquellos cuyas intenciones son genocidas.
Hamás entra inequívocamente en esa categoría. La Carta Fundacional de Hamás exhorta a la "aniquilación de Israel". El fundador de Hamás, el jeque Ahmed Yasín, decía que Israel debe "desaparecer del mapa". El portavoz y legislador de Hamás, el jeque Ahmad Bahr, ha dicho que Israel y Estados Unidos "serán aniquilados" añadiendo: "Mátenlos a todos, hasta el último que quede". La televisión de Hamás, al-Aqsa, ha prometido: "Borraremos a la gente de Sión y no dejaremos ni a uno".
Oliphant no es cualquier creador de opinión. Él es el caricaturista político más publicado del mundo, ganador del Pulitzer y de otros prestigiosos premios. La caricatura que publicó a finales de marzo muestra una figura sin cabeza (por lo tanto inhumana) representando a Israel. La criatura usa botas y marcha a paso de ganso (porque los nazis usaban botas y marchaban a paso de ganso). Tiene un brazo musculoso y peludo que blande una espada (para sugerir que es un ser primitivo y belicoso). Va empujando una estrella de David (el símbolo de Israel y del judaísmo) que tiene cara de tiburón con una boca abierta llena de dientes largos y afilados (no hace falta mayor explicación). Persigue a una pequeña e indefensa madre y a su hijo; su víctima se llama "Gaza".
El simbolismo aquí no es nada original. Deshumanizar a los judíos en caricaturas es una tradición que se remonta por lo menos a los días de la Alemania de los años 30 y que se ha mantenido en la prensa árabe desde entonces. Tampoco es novedad comparar a los judíos del siglo XXI con sus verdugos del siglo XX. Pero hasta ahora, semejantes imágenes nunca habían encontrado legitimidad en los principales medios de comunicación. Las caricaturas de Oliphant se publican en cientos de periódicos del mundo entero y en medios online. Esto marca un punto de inflexión.
Puede que a Oliphant no le interese el contexto del conflicto entre Israel y Hamás, pero le debería interesar a otros. Por ejemplo, está el hecho de que Israel ocupó Gaza como consecuencia de la guerra de 1967 emprendida contra Israel por Egipto, Siria, Jordania y otros estados árabes. Antes de eso, Gaza era territorio egipcio. También está el hecho de que Israel abandonó su ocupación de Gaza en 2005. Y también está el hecho pertinente de que mucha gente de Gaza ha apoyado a Hamás sabiendo claramente que la gran prioridad de esa organización es emprender la yihad contra Israel.
En estos últimos años, eso ha significado una lluvia de misiles contra israelíes, especialmente contra madres y niños israelíes. Hace unos meses, Israel lanzó una ofensiva aérea y terrestre de tres semanas en un intento por detener a Hamás.
No son solamente los defensores de Israel quienes culpan a Hamás por la muerte y destrucción que ello provocó. Decía Nimr Hammad, consejero del presidente de la Autoridad Palestina Mahmud Abbás que "el único responsable es Hamás y no la entidad sionista que simplemente reaccionó al lanzamiento de misiles palestinos".
Las guerras no son jamás un picnic pero durante el reciente conflicto, lejos de actuar como un monstruo sin cabeza, las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF) hicieron esfuerzos extraordinarios para limitar el número de víctimas civiles, por ejemplo avisando por teléfono anticipadamente a los civiles palestinos para que abandonaran las zonas que serían atacadas.
Hamás, por el contrario, tomó medidas para aumentar la cifra de muertos civiles. Por ejemplo, el comandante de una brigada acorazada israelí le contaba al New York Times que sus tropas se toparon con "una mujer de 60 años, caminando con una bandera blanca y detrás de ella venían 6 u 8 niños y detrás de ellos venía un combatiente de Hamás con su arma. No le disparamos", contaba el comandante.
Barry Rubin, autor y académico israelí, en un análisis mordaz de la caricatura de Oliphant, no acusa al dibujante de antisemitismo, ni siquiera de odio hacia los israelíes. "Lo que hay aquí es una falta de entendimiento tan enorme que incitará al odio, causará violencia y muerte y dificultará que se lleven a cabo acciones necesarias para ayudar a la gente, incluyendo a los palestinos que son el supuesto objeto de la condolencia [de Oliphant] pero que están condenados a sufrir bajo un régimen represivo que mantiene una política permanente de guerra".
Rubin también argumenta que la imagen de Oliphant "representa la mentalidad que plagará a todo Estado occidental y democrático en los próximos años. Imagínese la misma caricatura pero sustituya la estrella de David por la bandera americana de un Estados Unidos malvado atacando a los talibanes, Al-Qaeda o Irak, o a los musulmanes en general".
Lo cual plantea esta pregunta: ¿Será que Oliphant y otros como él creen que la gente que sufre el ataque de los islamistas militantes no tiene derecho a la autodefensa? ¿O simplemente esperan que los israelíes tengan que acostumbrarse a aguantar el castigo indefinidamente?
No estoy seguro de qué respuesta sería más alarmante.
No llamemos antisemita o antiisraelí al caricaturista Pat Oliphant. Sólo aclaremos lo que está haciendo: animar a aquellos cuyas intenciones son genocidas.
Hamás entra inequívocamente en esa categoría. La Carta Fundacional de Hamás exhorta a la "aniquilación de Israel". El fundador de Hamás, el jeque Ahmed Yasín, decía que Israel debe "desaparecer del mapa". El portavoz y legislador de Hamás, el jeque Ahmad Bahr, ha dicho que Israel y Estados Unidos "serán aniquilados" añadiendo: "Mátenlos a todos, hasta el último que quede". La televisión de Hamás, al-Aqsa, ha prometido: "Borraremos a la gente de Sión y no dejaremos ni a uno".Oliphant no es cualquier creador de opinión. Él es el caricaturista político más publicado del mundo, ganador del Pulitzer y de otros prestigiosos premios. La caricatura que publicó a finales de marzo muestra una figura sin cabeza (por lo tanto inhumana) representando a Israel. La criatura usa botas y marcha a paso de ganso (porque los nazis usaban botas y marchaban a paso de ganso). Tiene un brazo musculoso y peludo que blande una espada (para sugerir que es un ser primitivo y belicoso). Va empujando una estrella de David (el símbolo de Israel y del judaísmo) que tiene cara de tiburón con una boca abierta llena de dientes largos y afilados (no hace falta mayor explicación). Persigue a una pequeña e indefensa madre y a su hijo; su víctima se llama "Gaza".
El simbolismo aquí no es nada original. Deshumanizar a los judíos en caricaturas es una tradición que se remonta por lo menos a los días de la Alemania de los años 30 y que se ha mantenido en la prensa árabe desde entonces. Tampoco es novedad comparar a los judíos del siglo XXI con sus verdugos del siglo XX. Pero hasta ahora, semejantes imágenes nunca habían encontrado legitimidad en los principales medios de comunicación. Las caricaturas de Oliphant se publican en cientos de periódicos del mundo entero y en medios online. Esto marca un punto de inflexión.
Puede que a Oliphant no le interese el contexto del conflicto entre Israel y Hamás, pero le debería interesar a otros. Por ejemplo, está el hecho de que Israel ocupó Gaza como consecuencia de la guerra de 1967 emprendida contra Israel por Egipto, Siria, Jordania y otros estados árabes. Antes de eso, Gaza era territorio egipcio. También está el hecho de que Israel abandonó su ocupación de Gaza en 2005. Y también está el hecho pertinente de que mucha gente de Gaza ha apoyado a Hamás sabiendo claramente que la gran prioridad de esa organización es emprender la yihad contra Israel.
En estos últimos años, eso ha significado una lluvia de misiles contra israelíes, especialmente contra madres y niños israelíes. Hace unos meses, Israel lanzó una ofensiva aérea y terrestre de tres semanas en un intento por detener a Hamás.
No son solamente los defensores de Israel quienes culpan a Hamás por la muerte y destrucción que ello provocó. Decía Nimr Hammad, consejero del presidente de la Autoridad Palestina Mahmud Abbás que "el único responsable es Hamás y no la entidad sionista que simplemente reaccionó al lanzamiento de misiles palestinos".
Las guerras no son jamás un picnic pero durante el reciente conflicto, lejos de actuar como un monstruo sin cabeza, las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF) hicieron esfuerzos extraordinarios para limitar el número de víctimas civiles, por ejemplo avisando por teléfono anticipadamente a los civiles palestinos para que abandonaran las zonas que serían atacadas.
Hamás, por el contrario, tomó medidas para aumentar la cifra de muertos civiles. Por ejemplo, el comandante de una brigada acorazada israelí le contaba al New York Times que sus tropas se toparon con "una mujer de 60 años, caminando con una bandera blanca y detrás de ella venían 6 u 8 niños y detrás de ellos venía un combatiente de Hamás con su arma. No le disparamos", contaba el comandante.
Barry Rubin, autor y académico israelí, en un análisis mordaz de la caricatura de Oliphant, no acusa al dibujante de antisemitismo, ni siquiera de odio hacia los israelíes. "Lo que hay aquí es una falta de entendimiento tan enorme que incitará al odio, causará violencia y muerte y dificultará que se lleven a cabo acciones necesarias para ayudar a la gente, incluyendo a los palestinos que son el supuesto objeto de la condolencia [de Oliphant] pero que están condenados a sufrir bajo un régimen represivo que mantiene una política permanente de guerra".
Rubin también argumenta que la imagen de Oliphant "representa la mentalidad que plagará a todo Estado occidental y democrático en los próximos años. Imagínese la misma caricatura pero sustituya la estrella de David por la bandera americana de un Estados Unidos malvado atacando a los talibanes, Al-Qaeda o Irak, o a los musulmanes en general".
Lo cual plantea esta pregunta: ¿Será que Oliphant y otros como él creen que la gente que sufre el ataque de los islamistas militantes no tiene derecho a la autodefensa? ¿O simplemente esperan que los israelíes tengan que acostumbrarse a aguantar el castigo indefinidamente?
No estoy seguro de qué respuesta sería más alarmante.
©2009 Scripps Howard News Service©2009 Traducido por Miryam Lindberg
Clifford D. May, antiguo corresponsal extranjero del New York Times, es el presidente de la Fundación por la Defensa de las Democracias, institución investigadora dedicada al estudio del terrorismo.
07 abril 2009
Traicionadas por la "izquierda"
por Pilar Rahola - La Vanguardia. Barcelona
Publicado con el titulo "¿Tú también, Karzai?"
A la larga lista de mujeres del islam que luchan con valentía por su libertad, habrá que añadir a la escritora noruega de origen musulmán Sara Azmed Rasmussen. Ayer mismo, un amable lector, Josep Coll, nos hacía la crónica desde Noruega, con un título clarificador: "Las mujeres musulmanas, olvidadas por los movimientos feministas noruegos". Explicaba que en la manifestación del día 8, el comité organizador se había negado a hacer mención de las terribles discriminaciones que la mujer sufre en los países islámicos, alegando "que no había llegado el momento" de asumirlas, por motivos "políticos y religiosos". Por supuesto, en dicha manifestación se corearon lemas contra Israel - ello siempre resulta gratis- y contra la presencia de tropas noruegas en Afganistán.
Lo sorprendente es que algunas mujeres musulmanas protestaron sonoramente contra la organización, y la escritora Azmed Rasmussen quemó públicamente su hiyab por la falta de solidaridad de las feministas de su país. El vídeo de la quema, colgado en internet, es espectacular.
Este valiente acto de repudio contra el silencio de los colectivos feministas ante la opresión de la mujer musulmana coincide, casi en el tiempo, con dos informaciones terribles para la mujer islámica. Primero, la brutal opresión que está sufriendo en el valle de Swat, el valle pakistaní conocido por los activistas pro derechos humanos como "la plaza del matadero" por las atrocidades que están cometiendo los fundamentalistas. Este valle ha sido cedido, por las autoridades, a los líderes yihadistas de la zona, abandonando a hombres y mujeres a su trágica suerte. Y ahora, como si fuera una implacable y mortífera lluvia fina, otra terrible información debería agitar las conciencias comprometidas. Nuestro magnífico aliado, el "hombre que mejor viste", según los modistos de moda, el receptor de nuestras ayudas militares y económicas, el líder pastún con más credibilidad en la zona, Hamid Karzai, presidente de Afganistán, ha cedido ante las presiones y ha aprobado un nuevo código de familia para los chiíes, que aún no ha sido publicado, pero cuyo redactado se conoce: permite la violación de la mujer en el matrimonio, aprueba implícitamente las bodas infantiles y establece que las mujeres deben tener el permiso de maridos o padres para estudiar, ir al médico o trabajar.
Las líderes de los derechos humanos afganas han expresado su indignación, y su temor se resume en la frase de Fawzia Koofi, diputada por la provincia de Badajshan: "La Constitución del 2004 consagró la igualdad de derechos de la mujer. Y ahora la nueva ley ni siquiera nos permite maquillarnos sin permiso del marido". Angela Merkel, Nicolas Sarkozy y Hillary Clinton - el artífice de "la alianza de civilizaciones", el estimable Zapatero, parece que no tiene opinión-han expresado su rechazo frontal, y han exigido una rectificación. Pero Karzai, rehén de los votos chiíes, aunque ha ordenado que la ley sea revisada por un grupo de expertos y líderes religiosos, probablemente no rectificará. Se da la circunstancia de que en esta cuestión están de acuerdo los diputados masculinos chiíes y suníes. Las mujeres afganas están solas.
Retornemos al inicio, la nula protesta del feminismo. Es cierto que algunas mujeres como Soledad Gallego-Díaz, o Espido Freire o Julia Otero, o yo misma, hace años que levantamos la voz a favor de las mujeres islámicas. Pero es cierto, también, que somos voces en el desierto. No en vano resulta más importante estar a bien con los propietarios del petróleo, que tienen secuestradas nuestras conciencias, que con las mujeres que sufren. Y en el caso de muchos colectivos feministas, el lío mental respecto al islam es tan considerable que consideran solidario el "respeto a las costumbres musulmanas": aceptan como costumbre lo que es pura y bárbara opresión de la mujer. Algún día, estas mujeres conquistarán su libertad. Cuando lo hagan, mirarán a Occidente y nos acusarán de abandono, complicidad y traición. Y tendrán toda la razón. ...
Publicado con el titulo "¿Tú también, Karzai?"
A la larga lista de mujeres del islam que luchan con valentía por su libertad, habrá que añadir a la escritora noruega de origen musulmán Sara Azmed Rasmussen. Ayer mismo, un amable lector, Josep Coll, nos hacía la crónica desde Noruega, con un título clarificador: "Las mujeres musulmanas, olvidadas por los movimientos feministas noruegos". Explicaba que en la manifestación del día 8, el comité organizador se había negado a hacer mención de las terribles discriminaciones que la mujer sufre en los países islámicos, alegando "que no había llegado el momento" de asumirlas, por motivos "políticos y religiosos". Por supuesto, en dicha manifestación se corearon lemas contra Israel - ello siempre resulta gratis- y contra la presencia de tropas noruegas en Afganistán.
Lo sorprendente es que algunas mujeres musulmanas protestaron sonoramente contra la organización, y la escritora Azmed Rasmussen quemó públicamente su hiyab por la falta de solidaridad de las feministas de su país. El vídeo de la quema, colgado en internet, es espectacular.Este valiente acto de repudio contra el silencio de los colectivos feministas ante la opresión de la mujer musulmana coincide, casi en el tiempo, con dos informaciones terribles para la mujer islámica. Primero, la brutal opresión que está sufriendo en el valle de Swat, el valle pakistaní conocido por los activistas pro derechos humanos como "la plaza del matadero" por las atrocidades que están cometiendo los fundamentalistas. Este valle ha sido cedido, por las autoridades, a los líderes yihadistas de la zona, abandonando a hombres y mujeres a su trágica suerte. Y ahora, como si fuera una implacable y mortífera lluvia fina, otra terrible información debería agitar las conciencias comprometidas. Nuestro magnífico aliado, el "hombre que mejor viste", según los modistos de moda, el receptor de nuestras ayudas militares y económicas, el líder pastún con más credibilidad en la zona, Hamid Karzai, presidente de Afganistán, ha cedido ante las presiones y ha aprobado un nuevo código de familia para los chiíes, que aún no ha sido publicado, pero cuyo redactado se conoce: permite la violación de la mujer en el matrimonio, aprueba implícitamente las bodas infantiles y establece que las mujeres deben tener el permiso de maridos o padres para estudiar, ir al médico o trabajar.
Las líderes de los derechos humanos afganas han expresado su indignación, y su temor se resume en la frase de Fawzia Koofi, diputada por la provincia de Badajshan: "La Constitución del 2004 consagró la igualdad de derechos de la mujer. Y ahora la nueva ley ni siquiera nos permite maquillarnos sin permiso del marido". Angela Merkel, Nicolas Sarkozy y Hillary Clinton - el artífice de "la alianza de civilizaciones", el estimable Zapatero, parece que no tiene opinión-han expresado su rechazo frontal, y han exigido una rectificación. Pero Karzai, rehén de los votos chiíes, aunque ha ordenado que la ley sea revisada por un grupo de expertos y líderes religiosos, probablemente no rectificará. Se da la circunstancia de que en esta cuestión están de acuerdo los diputados masculinos chiíes y suníes. Las mujeres afganas están solas.
Retornemos al inicio, la nula protesta del feminismo. Es cierto que algunas mujeres como Soledad Gallego-Díaz, o Espido Freire o Julia Otero, o yo misma, hace años que levantamos la voz a favor de las mujeres islámicas. Pero es cierto, también, que somos voces en el desierto. No en vano resulta más importante estar a bien con los propietarios del petróleo, que tienen secuestradas nuestras conciencias, que con las mujeres que sufren. Y en el caso de muchos colectivos feministas, el lío mental respecto al islam es tan considerable que consideran solidario el "respeto a las costumbres musulmanas": aceptan como costumbre lo que es pura y bárbara opresión de la mujer. Algún día, estas mujeres conquistarán su libertad. Cuando lo hagan, mirarán a Occidente y nos acusarán de abandono, complicidad y traición. Y tendrán toda la razón. ...
VIDEO DE LA QUEMA DEL HIJAB POR PARTE DE AZMED RASMUSSEN:
http://snaphanen.dk/2009/03/08/sarah-rasmussen-burns-a-hijab/
http://snaphanen.dk/2009/03/08/sarah-rasmussen-burns-a-hijab/
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Mujer
24 marzo 2009
El enemigo interno de Israel
El daño que los quinta-columnistas le hacen a Israel es inmenso; mas daño aún que las bombas terroristas y los misiles. Lastimosamente, parece que se pierde la batalla por la opinión publica y particularmente la de la intelectualidad de izquierda, que mueve mucha de esa opinión publica, con algunas honrosas excepciones que incluyen, por supuesto a los defensores de los derechos humanos musulmanes, amigos de Israel, condenados muchos de ellos a muerte por fatwas en sus países de origen, y absolutamente traicionados por la "izquierda" actual.por Rubén Kaplan - elreloj.com
El Islamofascismo gana con el discurso nacionalista, (liberación de territorios "ocupados"), la batalla que estamos dando por los derechos humanos de los palestinos: democracia, libertad de conciencia y libertad religiosa, derechos de los niños, igualdad de derechos para la mujer, etc, etc. Doloroso que parte de la "izquierda" judía haga parte de las montoneras que le hacen eco al integrismo islámico y al oscurantismo feudal en el siglo XXI.J.Neuhaus F.
Como consecuencia de la guerra de Gaza, se generó una ola mundial de judeofobia, (eufemísticamente antisionismo) que ahora se agigantó por la denuncia del militante israelí de extrema izquierda Danny Zamir, quien afirmó temeraria e irresponsablemente, que soldados del ejército de Israel (Tzahal) tuvieron un comportamiento inmoral y conductas aberrantes hacia la población civil palestina en el transcurso del conflicto.
Las aseveraciones de Danny Zamir, quien registra como antecedente militar, haber sido encarcelado por el IDF en 1990 en la Ribera Occidental, al negarse a brindar protección a colonos judíos en una ceremonia religiosa, fueron transcritas por el diario israelí Ha’aretz, que comparte la ideología de Zamir, el canal de televisión 10 de Israel y difundidas por importantes agencias de noticias internacionales y periódicos prominentes del orbe.
Zamir, que dirige la Academia premilitar Itzjak Rabin, en el curso preparatorio Oranim en Kiryat Tivon, convocó a soldados que participaron en la operación “Plomo Fundido” para que relatasen su experiencia. La reunión, estuvo signada por un claro y manifiesto preconcepto. Danny Zamir condenó desde el principio la operación israelí para el establecimiento de “nuevos límites para el ejército y su código ético y del Estado de Israel “y para la siembra de destrucción masiva entre la población civil”.
En un ámbito propicio para escuchar lo que el auditorio de izquierda esperaba, se conocieron testimonios de algunos soldados afirmando que camaradas asesinaron a civiles palestinos a sangre fría y cometieron actos de vandalismo durante la ofensiva en la Franja de Gaza. Las conclusiones fueron enviadas a través de boletines a los graduados del curso.
Exhibiendo un dudoso candor, Danny Zamir se mostró sorprendido por los relatos. “Nos quedamos absolutamente conmocionados. Fue un verdadero shock”, agregó Zamir, quien afirmó que informó el asunto al Estado Mayor, para que en forma urgente haga una investigación.
A raíz de la denuncia, inmediatamente, el jefe de de los servicios jurídicos del ejército, general Avijai Mendelblit, ordenó la apertura inmediata de una investigación penal.
La filtración del presunto hecho, por parte de Zamir a la prensa, causó en Israel, natural escozor y espanto.
La acusación, de cuya credibilidad ya se han planteado serias dudas, mereció la enfática desmentida del ministro de Defensa Ehud Barak, quien afirmó que el ejército de Israel es el de mayor moral del mundo.
El hecho que el IDF, avisara con antelación, arrojando panfletos a la población civil de Gaza, para que evacuase y evitar ser alcanzada por los bombardeos, que fueran hechas miles de llamadas a sus teléfonos y celulares para advertirles que se alejaran de los terroristas del Hamas, único y verdadero objetivo militar, respalda el aserto de Barak.
Investigaciones iniciadas, arrojaron conclusiones preliminares, difundidas en el Canal 2 de Israel, por medio de su corresponsal Roni Daniel. Éste informó que el soldado que supuestamente fue testigo del disparo de un francotirador que mató a una madre con sus dos hijos, admitió a su comandante de brigada, que no vio tal cosa. El soldado que mencionó Ha’aretz en su artículo, concluyó que ni siquiera estuvo en Gaza.
La segunda acusación se basa en otro incidente, en el que una anciana se habría aproximado a una unidad del IDF y un oficial ordenó que le disparasen porque podía ser una terrorista suicida, al igual que decenas de mujeres, niños y personas con deficiencias mentales, que son utilizados por Hamas para perpetrar atentados terroristas.
En el informe, el soldado que dio su testimonio, tampoco testigo presencial, dijo “a partir de la descripción de lo ocurrido” denotando de tal modo, que se refería a rumores escuchados en su unidad.
Las prerrogativas de la democracia de Israel, la única de Medio Oriente y que permite expresarse libremente, son usufructuadas maliciosamente en su contra.
Ha’aretz, New York Times y otras publicaciones que se apresuraron a condenar a Israel, sin chequear rigurosamente la información, ignoraron convenientemente, testimonios verídicos de otros soldados israelíes recogidos por el diario Yediot Ajaronot. “Yo no creo que haya habido soldados buscando palestinos para matar sin ninguna razón” dijo el soldado de 21 años Danziger Assaf, perteneciente a la Brigada Givati y herido tres días antes de la finalización de la operación “Plomo Fundido”.
“Lo que sucedió no es agradable para nadie, queremos que termine lo antes posible, siempre tratamos de evitar el contacto con los civiles inocentes”
Según Danziger, a los soldados se les dio órdenes específicas para abrir fuego sólo contra los terroristas armados o personas que representaban una amenaza. “No hubo incidentes de vandalismo en ninguno de los edificios ocupados. Hicimos solamente lo que se justifica y actuamos por necesidad. Nadie disparó contra civiles. La gente caminaba libremente entre nosotros”.
Idan Zuaretz, un comandante de compañía, también de la Brigada Givati, puso en tela de juicio la integridad de los soldados que hicieron las polémica declaraciones en el curso de Tivon. “Si este era un tema candente para ellos, ¿por qué han permanecido en silencio hasta ahora? En un nivel ético y moral, están obligados a detener lo que según ellos se había producido y no esperar dos meses para ser escuchado en algún debate esotérico”.
En momentos que la sociedad israelí, se está recuperando del estupor causado por noticias aparentemente sin sustento, que aunque terminen siendo refutadas o desmentidas en su totalidad, han producido un irreversible daño a su país, el lunes 23 de marzo una nueva denuncia la sacude y estremece.
Radhika Coomaraswamy, abogada y antigua presidente de la Comisión de Derechos Humanos de Sri Lanka y actual representante de la ONU en temas de infancia y conflictos armados, denunció que él ejército de Israel utilizó a un niño palestino de 11 años como escudo humano en la operación “Plomo Fundido”
Según publica el Jerusalem Post, Coomaraswamy afirmó que el ejército ordenó al muchacho a caminar delante de los soldados que dispararon en Gaza en el barrio tel al- Hawa y a edificios antes de entrar en ellos. La enviada de la ONU dijo que el incidente ocurrió el 15 de enero, después que los tanques del IDF habían rodeado el barrio, lo que constituyó a su entender, una violación de los israelíes del derecho internacional.
Ampliando sus acusaciones, Coomaraswamy expresó que soldados del IDF dispararon a niños palestinos y destruyeron una casa con una mujer y un niño aún dentro.
El informe insta a Israel a investigar las violaciones de los derechos humanos y revela que Hamas había cometido otros abusos, pero que se ha negado a investigar las denuncias.
La enviada de la ONU debiera estar más atenta a un informe de febrero de 2009 que dice que muere más población civil en los enfrentamientos en Sri Lanka, mientras continúan los enfrentamientos entre las fuerzas gubernamentales y los Tigres de Liberación de Eelam Tamil , a otro que expresa en el mundo existen todavía 300.000 niños soldados y que 15 países utilizan a menores como combatientes.
La misión diplomática de Israel en Ginebra, aseguró que responderá a las acusaciones en la reunión del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.
Este informe ya ha sido criticado por el embajador ante el Consejo de Derechos Humanos, Aharon Leshno Yar, que imputa a Coomaraswamy "ignorar deliberadamente y aminorar el terrorismo y otras amenazas que sufrimos", así como el uso de escudos humanos por parte de Hamas.
Leshno Yar cree con razón, que el documento forma parte de la estrategia del patrón de "demonizar a Israel" que sigue el Consejo, donde un bloque informal de naciones musulmanas y africanas, respaldadas por Rusia, China y Cuba tienen una mayoría de facto.
Un informe aún más lapidario fue el presentado ante el mismo organismo por el conocido norteamericano, furibundo antiisraelí y Khomeinista confeso, profesor Richard Falk, al que Israel le negó el ingreso en mayo de 2008.
Enceguecido por el odio, Falk afirmó entre otros dislates, que tras ganar los comicios en Gaza, el Hamas propuso a Israel prolongar el alto el fuego y lo mantuvo más de un año a pesar de las continuas provocaciones y ataques israelíes.
Como si no le bastara a Israel, que busca denodadamente formar gobierno, entrar en una cuenta regresiva para neutralizar la amenaza de Irán, que conspira contra su existencia, y además estar atento a la frontera con Siria, a los terroristas del Hamas en Gaza y Hezbollah en Líbano, se ve obligado el Estado hebreo a dispersar su energía, para defenderse de la izquierda nihilista representada entre otros por B’Tselem, Yesh Gvul , Shalom Ajshav y Machsom Watch, y los ultraortodoxos y antisionistas Neturei Karta, sus dañinos enemigos internos.
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08 marzo 2009
Difamación
Como parte de la propaganda negra contra Israel, están circulando por internet una serie de e-mails en los cuales se comparan fotografías de los campos de concentración Nazis con imágenes tomadas en Gaza. La acusación de fondo es que, las víctimas del Holocausto son ahora los victimarios del pueblo Palestino.
La comparación es absolutamente injusta: Israel es un estado democrático y Gaza es solo una parte del territorio Palestino, controlado por un grupo terrorista, Hamas, que somete al pueblo palestino a un régimen teocrático y dictatorial regido por la sharia, con todas sus implicaciones sobre derechos humanos y libertades civiles. El control territorial de la franja le ha otorgado una especie de santuario a los terroristas de Hamas, que les ha permitido lanzar ataques suicidas y misiles, contra blancos civiles en Israel por muchos años, sin que nadie haga una manifestación, ni mande mails de protesta por esos ataques a buses, escuelas, mercados o restaurantes, en total impunidad.
Permítame resumir algunos datos, que quizá desconozca y que ayudan a visualizar y contextualizar las diferencias:
El 20% de la población Israelí, (no incluyo los territorios de Gaza ni Cisjordania, que no son Israel), es árabe, y de ellos, mas del 80% son Musulmanes; tienen partidos propios y representación en el Parlamento; gozan de todas las libertades civiles como corresponde a una nación democrática y civilizada; e incluso muchos de ellos prestan servicio militar en el Ejercito Israelí, mientras otros hacen manifestaciones por las calles de TelAviv; hasta donde se, nunca hubo judíos en el ejercito nazi y nunca tuvieron ningún derecho civil. Quien coarta las libertades civiles en Gaza no es Israel sino Hamas, que tomo el poder tras un sangriento golpe de estado contra las autoridades legalmente establecidas.
Gaza, tiene ademas de la frontera con Israel, una frontera con un país árabe musulmán: Egipto; pero sus hermanos árabes musulmanes mantienen un férreo control de esa frontera; los Guetos Nazis no tenían fronteras, no digamos con países "hermanos", pero ni siquiera con países "neutrales"; ni que decir de poseer una costa al mediterráneo.....
Cuando no se había iniciado la construcción del Muro, se producían ataques terroristas suicidas casi a diario contra objetivos civiles Israelíes, como mercados, buses, escuelas, restaurantes; incluso una familia Colombiana murió en uno de esos atentados; nunca nadie protestó; no se hicieron manifestaciones para condenar esos atentados, pero apenas se inició la construcción del muro, Israel se convirtió en el malo de la película y ahí si hubo manifestaciones y protestas. La construcción del muro ha disminuido, (no eliminado), en mas de un 90% los atentados criminales de Hamas y Hezbola. Desde los campos de concentración nazis no se disparaban misiles contra la población alemana.
Gaza es una porción menor de Palestina, y si bien es un territorio pequeño, tiene mas de 300 km2, habitado por un millón y medio de personas; posee áreas de cultivo y zonas industriales; hay escuelas, universidades y museos; y siendo tan pequeña es aún 100 veces mas grande que por ejemplo el Gueto de Varsovia que tenia unos 3 km2 y estaba habitado por medio millón de personas, sin nada distinto que edificios ruinosos y sin servicios.
Ademas, los habitantes de Gaza reciben ayudas de Europa, (ayudas que suelen pasar por Israel), de países árabes como Arabia Saudita, e incluso de ONGs Israelís, que trabajan para mejorar temas como salud o educación. Claro, si ha leído la prensa sobre el tema sabrá que alguna de esa ayuda fue suspendida, porque Hamas se apodero de los primeros despachos tras la invasión, para distribuirlos, no a quienes iba dirigida, sino para beneficio propio. Y las protestas por el mal uso de esos recursos por parte de Hamas, provinieron de los mismos Palestinos.
Hamas lanza los misiles que lanza, y realiza sus ataques, vestidos como civiles y rodeado de niños, apostando, con razón, a que los soldados israelís vacilarán a disparar contra ellos; y en caso que Israel se vea abocado a defenderse, siempre se puede mostrar que "Israel ataca a niños indefensos". Si usted revisa la prensa europea, ¿leyó algún reporte de periodistas que estuvieron físicamente en Gaza?; no digo de los que desde sus cómodos escritorios describieron la situación en base a los comunicados y fotos de Hamas; ya veo; porque esos reporteros parecen no haber encontrado, ni tantas víctimas y menos tantos niños tras revisar hospitales y centros de salud en Palestina... incluso dan cifras menores que las estimadas por el ejercito Israelí.
Lo mas importante es que el pueblo palestino esta gobernado, en la zona de Gaza, por un grupo terrorista, integrista islámico: Hamas. Hamas tiene por objetivos, literalmente, y así esta en sus documentos, los siguientes: primero, arrojar a los judíos al mar y destruir el estado de Israel; y segundo, establecer un estado Islámico; esto es que el Corán es su constitución, con todo lo que implica en cuanto a libertad y democracia, en el trato de la mujer, en los derechos de los niños, en el asunto de los esclavos, etc.
Hamas educa a los niños para el suicidio y nadie envía mails de protesta para defenderlos. Hamas asesinó a casi 200 palestinos durante el ataque Israelí, y que hacen parte de las estadísticas, acusándolos de pertenecer a Al Fatah, (no precisamente un amigo de Israel), y de haber colaborado con los invasores, algo que Al Fatah negó categóricamente. Hamas usa niños y mujeres como escudos humanos mientras dispara y lanza misiles contra Israel; Hamas golpea a las mujeres palestinas que no se visten según prescribe el Corán. Hamas no ha respetado el derecho del pueblo a elegir libremente a sus gobernantes; Hamas acosa e incluso asesina a árabes cristianos, y otras minorías religiosas, solo por el hecho de no ser musulmanes; Hamas prohíbe y castiga, incluso con la muerte, cualquier manifestación critica contra sus actos por parte de los propios Palestinos. Por esas aberraciones e injusticias, creo firmemente que el enemigo del Pueblo Palestino, no es Israel, sino que se encuentra en su propio seno y termino con una frase que gracias a D"s he escuchado cada vez mas:
Hay que liberar a los Palestinos del yugo de Hamas.
Estoy seguro que si los Palestinos se deshacen de Hamas, reconocen el derecho de Israel a existir y forman el estado al que aspiran y que se ha frustrado, no por culpa de Israel sino de sus propios dirigentes, su futuro será otro, lleno de paz y prosperidad.
La comparación es absolutamente injusta: Israel es un estado democrático y Gaza es solo una parte del territorio Palestino, controlado por un grupo terrorista, Hamas, que somete al pueblo palestino a un régimen teocrático y dictatorial regido por la sharia, con todas sus implicaciones sobre derechos humanos y libertades civiles. El control territorial de la franja le ha otorgado una especie de santuario a los terroristas de Hamas, que les ha permitido lanzar ataques suicidas y misiles, contra blancos civiles en Israel por muchos años, sin que nadie haga una manifestación, ni mande mails de protesta por esos ataques a buses, escuelas, mercados o restaurantes, en total impunidad.
Permítame resumir algunos datos, que quizá desconozca y que ayudan a visualizar y contextualizar las diferencias:
El 20% de la población Israelí, (no incluyo los territorios de Gaza ni Cisjordania, que no son Israel), es árabe, y de ellos, mas del 80% son Musulmanes; tienen partidos propios y representación en el Parlamento; gozan de todas las libertades civiles como corresponde a una nación democrática y civilizada; e incluso muchos de ellos prestan servicio militar en el Ejercito Israelí, mientras otros hacen manifestaciones por las calles de TelAviv; hasta donde se, nunca hubo judíos en el ejercito nazi y nunca tuvieron ningún derecho civil. Quien coarta las libertades civiles en Gaza no es Israel sino Hamas, que tomo el poder tras un sangriento golpe de estado contra las autoridades legalmente establecidas.
Gaza, tiene ademas de la frontera con Israel, una frontera con un país árabe musulmán: Egipto; pero sus hermanos árabes musulmanes mantienen un férreo control de esa frontera; los Guetos Nazis no tenían fronteras, no digamos con países "hermanos", pero ni siquiera con países "neutrales"; ni que decir de poseer una costa al mediterráneo.....
Cuando no se había iniciado la construcción del Muro, se producían ataques terroristas suicidas casi a diario contra objetivos civiles Israelíes, como mercados, buses, escuelas, restaurantes; incluso una familia Colombiana murió en uno de esos atentados; nunca nadie protestó; no se hicieron manifestaciones para condenar esos atentados, pero apenas se inició la construcción del muro, Israel se convirtió en el malo de la película y ahí si hubo manifestaciones y protestas. La construcción del muro ha disminuido, (no eliminado), en mas de un 90% los atentados criminales de Hamas y Hezbola. Desde los campos de concentración nazis no se disparaban misiles contra la población alemana.
Gaza es una porción menor de Palestina, y si bien es un territorio pequeño, tiene mas de 300 km2, habitado por un millón y medio de personas; posee áreas de cultivo y zonas industriales; hay escuelas, universidades y museos; y siendo tan pequeña es aún 100 veces mas grande que por ejemplo el Gueto de Varsovia que tenia unos 3 km2 y estaba habitado por medio millón de personas, sin nada distinto que edificios ruinosos y sin servicios.
Ademas, los habitantes de Gaza reciben ayudas de Europa, (ayudas que suelen pasar por Israel), de países árabes como Arabia Saudita, e incluso de ONGs Israelís, que trabajan para mejorar temas como salud o educación. Claro, si ha leído la prensa sobre el tema sabrá que alguna de esa ayuda fue suspendida, porque Hamas se apodero de los primeros despachos tras la invasión, para distribuirlos, no a quienes iba dirigida, sino para beneficio propio. Y las protestas por el mal uso de esos recursos por parte de Hamas, provinieron de los mismos Palestinos.
Hamas lanza los misiles que lanza, y realiza sus ataques, vestidos como civiles y rodeado de niños, apostando, con razón, a que los soldados israelís vacilarán a disparar contra ellos; y en caso que Israel se vea abocado a defenderse, siempre se puede mostrar que "Israel ataca a niños indefensos". Si usted revisa la prensa europea, ¿leyó algún reporte de periodistas que estuvieron físicamente en Gaza?; no digo de los que desde sus cómodos escritorios describieron la situación en base a los comunicados y fotos de Hamas; ya veo; porque esos reporteros parecen no haber encontrado, ni tantas víctimas y menos tantos niños tras revisar hospitales y centros de salud en Palestina... incluso dan cifras menores que las estimadas por el ejercito Israelí.
Lo mas importante es que el pueblo palestino esta gobernado, en la zona de Gaza, por un grupo terrorista, integrista islámico: Hamas. Hamas tiene por objetivos, literalmente, y así esta en sus documentos, los siguientes: primero, arrojar a los judíos al mar y destruir el estado de Israel; y segundo, establecer un estado Islámico; esto es que el Corán es su constitución, con todo lo que implica en cuanto a libertad y democracia, en el trato de la mujer, en los derechos de los niños, en el asunto de los esclavos, etc.
Hamas educa a los niños para el suicidio y nadie envía mails de protesta para defenderlos. Hamas asesinó a casi 200 palestinos durante el ataque Israelí, y que hacen parte de las estadísticas, acusándolos de pertenecer a Al Fatah, (no precisamente un amigo de Israel), y de haber colaborado con los invasores, algo que Al Fatah negó categóricamente. Hamas usa niños y mujeres como escudos humanos mientras dispara y lanza misiles contra Israel; Hamas golpea a las mujeres palestinas que no se visten según prescribe el Corán. Hamas no ha respetado el derecho del pueblo a elegir libremente a sus gobernantes; Hamas acosa e incluso asesina a árabes cristianos, y otras minorías religiosas, solo por el hecho de no ser musulmanes; Hamas prohíbe y castiga, incluso con la muerte, cualquier manifestación critica contra sus actos por parte de los propios Palestinos. Por esas aberraciones e injusticias, creo firmemente que el enemigo del Pueblo Palestino, no es Israel, sino que se encuentra en su propio seno y termino con una frase que gracias a D"s he escuchado cada vez mas:
Hay que liberar a los Palestinos del yugo de Hamas.
Estoy seguro que si los Palestinos se deshacen de Hamas, reconocen el derecho de Israel a existir y forman el estado al que aspiran y que se ha frustrado, no por culpa de Israel sino de sus propios dirigentes, su futuro será otro, lleno de paz y prosperidad.
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04 marzo 2009
Perdido en la bruma de los slogans
Ishmael Khaldi es vicecónsul de Israel para el Pacífico Noroeste. No es Judío; es Beduino y Musulmán ocupando un alto cargo en representación del estado de Israel en una de las mas importantes ciudades de los Estados Unidos: San Francisco. Este artículo apareció en la página A-11 del San Francisco Chroniclepor Ishmael Khaldi - San Francisco Chronicle
http://www.sfgate.com/cgi-bin/article.cgi?f=/c/a/2009/03/03/EDRP168GMT.DTL
El año pasado, en la Universidad de Berkeley en California, tuve la oportunidad de “dialogar” con algunos de los organizadores de estos eventos. Mi perspectiva es única, tanto como Vicecónsul de Israel en San Francisco, como beduino y como musulmán en el más alto rango representando a Israel en los Estados Unidos. Nací en el seno de una tribu beduina del norte de Israel, uno de 11 chicos, y comencé mi vida como pastor viviendo en nuestra carpa familiar. Fui a servir en la Policía de fronteras israelí y, más adelante, obtuve una Maestría en Ciencias Políticas de la Universidad de Tel Aviv, antes de incorporarme al Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel.
Soy un israelí orgulloso – junto con muchos otros israelíes no judíos tales como drusos, bahai, cristianos y musulmanes, que viven en una de las sociedades más diversificadas culturalmente y la única verdadera democracia de Medio Oriente.
Como la de Estados Unidos, la sociedad israelí está lejos de ser perfecta; pero seamos honestos. Cualquiera sea el rasero que se elija – oportunidades educacionales, desarrollo económico, derechos de las mujeres y de los homosexuales, libertad de expresión y de reunión, representación legislativa – las minorías en Israel están ubicadas muchos mejor que en cualquier otro país del Medio Oriente.
Así que quisiera compartir lo siguiente, con los organizadores de la Semana del Apartheid Israelí, con aquellos que estén abiertos al diálogo y no cegados por una ideología del odio:
Ustedes son parte del problema, no parte de la solución: Si ustedes son realmente idealistas y están comprometidos con un mundo mejor, paren con la retórica falsa. Necesitamos gente moderada que se reúna con buena fe para ayudar a encontrar el camino para aliviar el sufrimiento humano en ambos lados del conflicto palestino-israelí. La difamación y el falso etiquetado es un callejón sin salida que no lleva a ningún lado.
Ustedes le niegan a Israel el derecho fundamental que toda sociedad tiene de defenderse a sí misma: Ustedes condenan a Israel por construir una barrera de seguridad para proteger a sus ciudadanos de los suicidas con bombas y por atacar a los edificios desde los cuales se lanzan los misiles contra sus ciudades – pero ustedes nunca ofrecen una alternativa. ¿No están ustedes mismos practicando una profunda forma de racismo negándole a una sociedad entera el derecho de defenderse?
Vuestras críticas son intencionalmente hipócritas: ¿Los ciudadanos árabes de Israel sufren de una desventaja? Ustedes prefieren creerlo. ¿Los afro americanos que viven a 10 minutos de Berkeley sufren de una desventaja? Ustedes prefieren creerlo, también. Así que deberíamos lanzar una Semana del Apartheid en Berkeley también, o deberíamos buscar caminos verdaderos para mejorar nuestras sociedades y hacer más disponibles las oportunidades.
Ustedes están traicionando a los musulmanes moderados y a los judíos que trabajan para lograr la paz: Vuestro radicalismo socava a las fuerzas de la paz en Israel y en los territorios palestinos. Estamos trabajando duro para avanzar hacia un acuerdo de paz que reconozca los derechos legítimos tanto de Israel como del pueblo palestino y ustedes lo están destrozando al difamar a una de las partes.
Me gustaría decirles a los organizadores de la Semana del Apartheid Israelí: Si Israel fuera un estado con apartheid, yo no habría sido designado aquí, ni yo habría elegido asumir esa tarea. Hay muchos árabes, tanto dentro de Israel como de los territorios palestinos que han tenido un gran coraje al recorrer el camino de la paz. Ustedes deberían estar con nosotros en lugar de estar contra nosotros.
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02 marzo 2009
¡Despierten amigos!
por Moshé Yanai - elreloj.com
A continuación la traducción de unas declaraciones formuladas por Mohamed Sabaoui, un joven sociólogo de origen argelino, catedrático de la Universidad Católica de Lille, nacionalizado francés. Estamos hablando de un centro de estudios muy caracterizado en la cuarta ciudad universitaria de Francia. Y así se expresa, con toda sinceridad, el hombre en cuestión:
"Nuestra invasión pacífica a nivel europeo todavía no ha conseguido su objetivo. Nos proponemos actuar en todos los países en forma simultánea. Como nos dejáis cada vez más lugar, sería estúpido si no sacáramos provecho de ello. Seremos vuestro Caballo de Troya. Os habéis convertido en rehenes de los derechos humanos en lo que no dejáis de insistir. Si por ejemplo, osarais dirigirme a mí en Argelia o Arabia Saudí del modo como yo lo hago ahora, en el mejor de los casos seriáis arrestados en el acto.
“Vosotros, los franceses, no sois capaces de imponer el respeto a nuestros jóvenes. ¿Por qué habrían de hacerlo frente a un país que capitula ante ellos? Solamente se respeta lo que se teme. Cuando nos hagamos con el poder, ya no veréis a uno de nuestros jóvenes prender fuego a un coche o atracar una tienda. Los árabes bien saben el castigo inexorable que se merecen, ya que entre nosotros, al ladrón se le amputa la mano que ha robado”.
Y según el mismo Mohamed Sabaouri en un reciente interviú:
”Las leyes de vuestra República no conforman las del Corán y no deben ser impuestas a los musulmanes, que solamente pueden ser regidos por la Charia. De modo que vamos a obrar para asumir ese poder que nos corresponde. Comenzaremos por Roubaix (*), que actualmente es una ciudad musulmana con una mayoría que excede el 60% de la población. En las próximas elecciones movilizaremos nuestras fuerzas y el próximo alcalde será musulmán.
Después de negociar con el Estado y la región, declararemos Roubaix enclave musulmana independiente e impondremos en él la Charia (la ley de D‘os) a todos sus habitantes.
La minoridad cristiana obtendrá el estatuto de Dhimmis. Es decir, será una categoría aparte que podrá renegociar la obtención de sus libertades y derechos por medio de un impuesto especial. Entre otras cosas, haremos lo que hace falta para convencerlos a que acepten nuestra forma de ser. Decenas de miles de franceses ya han abrazado voluntariamente el Islam, de modo ¿por qué no habrán de hacerlo los cristianos de Roubaix?
Actualmente en la universidad de Lille ponemos en pie brigadas de la fe, encargadas de convertir a los roubaisiens recalcitrantes, cristianos o judíos, para convencerlos a que acepten nuestra religión, porque así Dios lo quiere. Si somos los más fuertes es por deseo divino. No tenemos las obligaciones cristianas de dar asistencia al huérfano, al débil y al discapacitado. Todo por el contrario, podemos y debemos pisotearlos si constituyen un obstáculo, sobretodo si son infieles”.
Me pregunto si acaso se puede quedar indiferente ante un modo de expresarse tan claro. Va derecho al grano y nada de andar por las ramas, nuestro ingenioso catedrático, sino que dice las verdades, aunque por ello perdiera las amistades, como se suele decir. Creo que es toque de alerta que debería ser tomado en cuenta.
Este es una parte de un articulo publicado por Moshé Yanai en ElReloj.com; el articulo completo puede verse en la pagina de El Reloj en el siguiente enlace: http://www.elreloj.com/article.php?id=27310. . . . . . . . . . .
A continuación la traducción de unas declaraciones formuladas por Mohamed Sabaoui, un joven sociólogo de origen argelino, catedrático de la Universidad Católica de Lille, nacionalizado francés. Estamos hablando de un centro de estudios muy caracterizado en la cuarta ciudad universitaria de Francia. Y así se expresa, con toda sinceridad, el hombre en cuestión:
"Nuestra invasión pacífica a nivel europeo todavía no ha conseguido su objetivo. Nos proponemos actuar en todos los países en forma simultánea. Como nos dejáis cada vez más lugar, sería estúpido si no sacáramos provecho de ello. Seremos vuestro Caballo de Troya. Os habéis convertido en rehenes de los derechos humanos en lo que no dejáis de insistir. Si por ejemplo, osarais dirigirme a mí en Argelia o Arabia Saudí del modo como yo lo hago ahora, en el mejor de los casos seriáis arrestados en el acto.
“Vosotros, los franceses, no sois capaces de imponer el respeto a nuestros jóvenes. ¿Por qué habrían de hacerlo frente a un país que capitula ante ellos? Solamente se respeta lo que se teme. Cuando nos hagamos con el poder, ya no veréis a uno de nuestros jóvenes prender fuego a un coche o atracar una tienda. Los árabes bien saben el castigo inexorable que se merecen, ya que entre nosotros, al ladrón se le amputa la mano que ha robado”.
Y según el mismo Mohamed Sabaouri en un reciente interviú:
”Las leyes de vuestra República no conforman las del Corán y no deben ser impuestas a los musulmanes, que solamente pueden ser regidos por la Charia. De modo que vamos a obrar para asumir ese poder que nos corresponde. Comenzaremos por Roubaix (*), que actualmente es una ciudad musulmana con una mayoría que excede el 60% de la población. En las próximas elecciones movilizaremos nuestras fuerzas y el próximo alcalde será musulmán.
Después de negociar con el Estado y la región, declararemos Roubaix enclave musulmana independiente e impondremos en él la Charia (la ley de D‘os) a todos sus habitantes.
La minoridad cristiana obtendrá el estatuto de Dhimmis. Es decir, será una categoría aparte que podrá renegociar la obtención de sus libertades y derechos por medio de un impuesto especial. Entre otras cosas, haremos lo que hace falta para convencerlos a que acepten nuestra forma de ser. Decenas de miles de franceses ya han abrazado voluntariamente el Islam, de modo ¿por qué no habrán de hacerlo los cristianos de Roubaix?
Actualmente en la universidad de Lille ponemos en pie brigadas de la fe, encargadas de convertir a los roubaisiens recalcitrantes, cristianos o judíos, para convencerlos a que acepten nuestra religión, porque así Dios lo quiere. Si somos los más fuertes es por deseo divino. No tenemos las obligaciones cristianas de dar asistencia al huérfano, al débil y al discapacitado. Todo por el contrario, podemos y debemos pisotearlos si constituyen un obstáculo, sobretodo si son infieles”.
Me pregunto si acaso se puede quedar indiferente ante un modo de expresarse tan claro. Va derecho al grano y nada de andar por las ramas, nuestro ingenioso catedrático, sino que dice las verdades, aunque por ello perdiera las amistades, como se suele decir. Creo que es toque de alerta que debería ser tomado en cuenta.
Etiquetas:
Democracia,
Islam
27 febrero 2009
El antisemitismo se niega a desaparecer
Por James Neilson - Revista Noticias, Argentina
En Londres, París, Madrid y en muchas otras ciudades europeas, son cada vez más los judíos que procuran no llamar la atención por miedo a ser víctimas de los ataques brutales de musulmanes militantes o pandillas de ultraizquierdistas que, por oportunismo y porque les encanta la violencia, se han aliado con movimientos tan extraordinariamente reaccionarios, y tan ferozmente xenófobos, como Hezbolá y Hamas. Pero el resurgimiento del antisemitismo genocida no se limita a Europa. También está cobrando fuerza en América. En las semanas últimas, desde Canadá hasta la Argentina se han celebrado manifestaciones ruidosas en que las protestas contra la invasión israelí de Gaza se vieron acompañadas por expresiones de odio hacia todos los judíos. En algunas, la turba coreó consignas espeluznantes: “Judíos a los hornos”, “Pronto habrá un holocausto auténtico”, “¡Hitler! ¡Hitler!”.
No extraño, pues, que se haya difundido en las comunidades judías de la diáspora la sensación de que, una vez más, está en marcha un proceso como el que culminó con la matanza sádica por parte de los nazis, con la colaboración entusiasta de muchas personas “normales”, de por lo menos seis millones de hombres, mujeres y niños por el mero hecho de ser judíos. En 1945, se popularizó el lema “Nunca más”; más de setenta años más tarde, se sabe que la historia puede repetirse. Como dijo hace poco el decano de los jueces de la Suprema Corte, Carlos Fayt, el antisemitismo “es un cáncer en el cerebro de la humanidad” al que “hay que arrancar definitivamente”. Tiene razón; puesto que ya ha entrado en la fase de metástasis es urgente operarlo.
Puede que en comparación con lo que está ocurriendo en países como el Reino Unido y Francia, el brote de antisemitismo que está produciéndose en la Argentina no sea tan grave, pero en vista de la incapacidad patente de las autoridades para garantizar un mínimo de seguridad es así y todo alarmante. Por cierto, no contribuyó a tranquilizar a nadie que la funcionaria formalmente a cargo de luchar contra la discriminación, María José Lubertino, se haya dado el gusto de insinuar que la furia antisemita se justificaba debido al accionar de Israel en Gaza, sin ni siquiera intentar cubrirse recordándonos que oponerse al sionismo no es forzosamente lo mismo que detestar a todos los judíos.
Tampoco ha ayudado la escasa reacción de buena parte del elenco estable político. Con la excepción notable del gobernador bonaerense Daniel Scioli, que sí se animó a subrayar su solidaridad con el pueblo judío, los dirigentes políticos nacionales han preferido mirar hacia otro lado, acaso por mantenerse alejados de un embrollo tan feo. En cuanto al gobierno kirchnerista, su actitud ha sido llamativamente ambigua. Mientras que el ministro de Justicia Aníbal Fernández minimizó el peligro y prometió una investigación, sigue fomentando el odio el piquetero oficialista Luis D’Elia, partidario notorio del régimen teocrático iraní que quiere borrar a Israel de la faz de la Tierra, y de Hugo Chávez. Demás está decir que el caudillo venezolano ha tenido mucho que ver con la recrudescencia reciente de antisemitismo en la región. Chávez mandó a sus seguidores un mensaje nada equívoco cuando, luego de romper relaciones diplomáticas con Israel, se negó a levantar un dedo para impedir que durante cuatro horas sujetos armados profanaran la sinagoga más importante de Caracas, embadurnándola con eslóganes hostiles al Estado judío. ¿Incidirá la conducta de Chávez en su “amistad” con Néstor Kirchner y su esposa, la presidenta Cristina? Es poco probable.
Aunque la irrupción del ejército de Israel en la Franja de Gaza brindó a los antisemitas un pretexto irresistible para redoblar su ofensiva contra los judíos, y para incorporar a sus filas a algunos que hasta entonces se habían sentido cohibidos por entender que en el mundo moderno el antisemitismo está fuera de moda, sólo se trataba de un pretexto. Se cuentan por docenas los conflictos armados actuales o recientes en que han muerto tantos civiles como en Gaza o más, muchos más, siempre en condiciones atroces, como los de Chechenia, Sri Lanka, el Sudán, el Congo y otros lugares en África. Pero ninguno ha motivado una reacción tan indignada en los países occidentales como los enfrentamientos entre los israelíes y quienes no ocultan su voluntad de masacrarlos a todos de la manera más cruel concebible. No se puede atribuir este fenómeno a la simpatía que siente toda persona decente por el destino trágico de los árabes palestinos; si, como ya ha ocurrido con cierta frecuencia, otros árabes se ensañan con ellos nadie sueña con salir a la calle para protestar. Tampoco ha desatado manifestaciones multitudinarias el genocidio en la región sudanesa de Darfur donde milicias respaldadas por un régimen islamista han asesinado a más de 300.000 negros que también son musulmanes.
Para que una acción militar merezca la condena universal, es necesario que los responsables sean israelíes. En tal caso, a nadie le importará si hacen todo cuanto puedan por reducir al mínimo la cantidad de bajas civiles, lo que no es nada fácil contra enemigos habituados a usarlos como escudos humanos y que, para más señas, aprovecharán la oportunidad para asesinar a disidentes acusándolos de ser colaboracionistas, agregando las muertes resultantes al total adjudicado a los israelíes. A juicio de una proporción al parecer creciente de occidentales, Israel será automáticamente culpable de los peores horrores de toda guerra o acción militar en que se vea involucrado. Conscientes de esta realidad, los líderes de Hamas, gente que se afirma enamorada de la muerte, no hizo ningún esfuerzo por proteger a los palestinos comunes. De ahí la “desproporción” entre sus bajas y las de los israelíes que han construido refugios antiaéreos en las ciudades que son periódicamente bombardeadas por los cohetes enemigos.
Durante el conflicto en Gaza, los que dicen simpatizar con los palestinos se dedicaron a trazar paralelos canallescos entre Israel y el Tercer Reich nazi a sabiendas de que herirían a todos los judíos, incluyendo a los contrarios al sionismo. Hablaron de “genocidio”, como si los israelíes se hubieran propuesto matar a todos los palestinos, y compararon Gaza con el gueto de Varsovia, pasando por alto, entre otras cosas, que la franja colinda con un país árabe, Egipto, que de haberlo querido pudo haber puesto a todos sus habitantes fuera del alcance de los soldados judíos. La voluntad evidente de muchos occidentales que en su mayoría se imaginan progresistas de equiparar Israel con la Alemania de Hitler no nos dice nada sobre lo que está sucediendo en Medio Oriente, pero es sintomática de los cambios mentales, por calificarlos de algún modo, que están dándose en ciertos círculos europeos muy influyentes. Además de querer liberarse de lo que todavía queda del sentimiento de culpa por haber permitido el Holocausto, asegurándose de que en última instancia los judíos, ellos, son igualmente malos, las élites europeas están dispuestas a ir a virtualmente cualquier extremo para congraciarse con un mundo musulmán turbulento y amenazador. Es tan fuerte la voluntad de convencerse de que la agresividad para nada disimulada de tantos dirigentes islámicos hacia Europa y, claro está, Estados Unidos, se debe por completo al conflicto árabe-israelí, que si la eventual destrucción de Israel sirviera para solucionarlo se trataría de un precio que muchos europeos no vacilarían un solo momento en pagar sin preocuparse en absoluto por las consecuencias. En efecto, la idea de que la creación de Israel fue un error histórico y que por lo tanto convendría corregirlo para alcanzar por fin la paz añorada está abriéndose camino en las capitales del bien llamado “viejo continente”.
Conforme a los sondeos de opinión, el país más antisemita de Europa es España, lo que a primera vista es un tanto paradójico porque si los islamistas lograran eliminar a Israel la recuperación de Andalucía encabezaría su lista de prioridades. Pero como nos enseñó la reacción de los españoles frente al atentado yihadista en Atocha del 11 de marzo del 2004 en que murieron dos centenares de personas, predomina en su país la idea de que la mejor forma de defenderse contra la ira de los guerreros santos consiste en hacer cuanto parezca necesario para apaciguarlos. También los israelíes han tratado de reconciliarse con los árabes, resignándose a convivir con un eventual Estado palestino, pero sus esfuerzos en tal sentido no les han servido para mucho.
Que éste haya sido el caso puede entenderse. Para el mundo musulmán, incluyendo a países tan alejados de Israel como Malasia, Pakistán e Irán, la mera existencia de una nación judía –es decir, una que es obra de una minoría largamente despreciada por su debilidad–, que es próspera, democrática y, lo que es más humillante todavía para pueblos orgullosos de sus tradiciones guerreras, militarmente poderosa, constituye un baldón insoportable. Por lo tanto, es muy escasa la posibilidad de que un día se llegue a un acuerdo de paz que ponga fin al conflicto. También lo es la de que pronto pierda fuerza la ola de antisemitismo que tanta angustia está causando en las comunidades judías de todos los países occidentales.
En Londres, París, Madrid y en muchas otras ciudades europeas, son cada vez más los judíos que procuran no llamar la atención por miedo a ser víctimas de los ataques brutales de musulmanes militantes o pandillas de ultraizquierdistas que, por oportunismo y porque les encanta la violencia, se han aliado con movimientos tan extraordinariamente reaccionarios, y tan ferozmente xenófobos, como Hezbolá y Hamas. Pero el resurgimiento del antisemitismo genocida no se limita a Europa. También está cobrando fuerza en América. En las semanas últimas, desde Canadá hasta la Argentina se han celebrado manifestaciones ruidosas en que las protestas contra la invasión israelí de Gaza se vieron acompañadas por expresiones de odio hacia todos los judíos. En algunas, la turba coreó consignas espeluznantes: “Judíos a los hornos”, “Pronto habrá un holocausto auténtico”, “¡Hitler! ¡Hitler!”.
No extraño, pues, que se haya difundido en las comunidades judías de la diáspora la sensación de que, una vez más, está en marcha un proceso como el que culminó con la matanza sádica por parte de los nazis, con la colaboración entusiasta de muchas personas “normales”, de por lo menos seis millones de hombres, mujeres y niños por el mero hecho de ser judíos. En 1945, se popularizó el lema “Nunca más”; más de setenta años más tarde, se sabe que la historia puede repetirse. Como dijo hace poco el decano de los jueces de la Suprema Corte, Carlos Fayt, el antisemitismo “es un cáncer en el cerebro de la humanidad” al que “hay que arrancar definitivamente”. Tiene razón; puesto que ya ha entrado en la fase de metástasis es urgente operarlo.Puede que en comparación con lo que está ocurriendo en países como el Reino Unido y Francia, el brote de antisemitismo que está produciéndose en la Argentina no sea tan grave, pero en vista de la incapacidad patente de las autoridades para garantizar un mínimo de seguridad es así y todo alarmante. Por cierto, no contribuyó a tranquilizar a nadie que la funcionaria formalmente a cargo de luchar contra la discriminación, María José Lubertino, se haya dado el gusto de insinuar que la furia antisemita se justificaba debido al accionar de Israel en Gaza, sin ni siquiera intentar cubrirse recordándonos que oponerse al sionismo no es forzosamente lo mismo que detestar a todos los judíos.
Tampoco ha ayudado la escasa reacción de buena parte del elenco estable político. Con la excepción notable del gobernador bonaerense Daniel Scioli, que sí se animó a subrayar su solidaridad con el pueblo judío, los dirigentes políticos nacionales han preferido mirar hacia otro lado, acaso por mantenerse alejados de un embrollo tan feo. En cuanto al gobierno kirchnerista, su actitud ha sido llamativamente ambigua. Mientras que el ministro de Justicia Aníbal Fernández minimizó el peligro y prometió una investigación, sigue fomentando el odio el piquetero oficialista Luis D’Elia, partidario notorio del régimen teocrático iraní que quiere borrar a Israel de la faz de la Tierra, y de Hugo Chávez. Demás está decir que el caudillo venezolano ha tenido mucho que ver con la recrudescencia reciente de antisemitismo en la región. Chávez mandó a sus seguidores un mensaje nada equívoco cuando, luego de romper relaciones diplomáticas con Israel, se negó a levantar un dedo para impedir que durante cuatro horas sujetos armados profanaran la sinagoga más importante de Caracas, embadurnándola con eslóganes hostiles al Estado judío. ¿Incidirá la conducta de Chávez en su “amistad” con Néstor Kirchner y su esposa, la presidenta Cristina? Es poco probable.
Aunque la irrupción del ejército de Israel en la Franja de Gaza brindó a los antisemitas un pretexto irresistible para redoblar su ofensiva contra los judíos, y para incorporar a sus filas a algunos que hasta entonces se habían sentido cohibidos por entender que en el mundo moderno el antisemitismo está fuera de moda, sólo se trataba de un pretexto. Se cuentan por docenas los conflictos armados actuales o recientes en que han muerto tantos civiles como en Gaza o más, muchos más, siempre en condiciones atroces, como los de Chechenia, Sri Lanka, el Sudán, el Congo y otros lugares en África. Pero ninguno ha motivado una reacción tan indignada en los países occidentales como los enfrentamientos entre los israelíes y quienes no ocultan su voluntad de masacrarlos a todos de la manera más cruel concebible. No se puede atribuir este fenómeno a la simpatía que siente toda persona decente por el destino trágico de los árabes palestinos; si, como ya ha ocurrido con cierta frecuencia, otros árabes se ensañan con ellos nadie sueña con salir a la calle para protestar. Tampoco ha desatado manifestaciones multitudinarias el genocidio en la región sudanesa de Darfur donde milicias respaldadas por un régimen islamista han asesinado a más de 300.000 negros que también son musulmanes.
Para que una acción militar merezca la condena universal, es necesario que los responsables sean israelíes. En tal caso, a nadie le importará si hacen todo cuanto puedan por reducir al mínimo la cantidad de bajas civiles, lo que no es nada fácil contra enemigos habituados a usarlos como escudos humanos y que, para más señas, aprovecharán la oportunidad para asesinar a disidentes acusándolos de ser colaboracionistas, agregando las muertes resultantes al total adjudicado a los israelíes. A juicio de una proporción al parecer creciente de occidentales, Israel será automáticamente culpable de los peores horrores de toda guerra o acción militar en que se vea involucrado. Conscientes de esta realidad, los líderes de Hamas, gente que se afirma enamorada de la muerte, no hizo ningún esfuerzo por proteger a los palestinos comunes. De ahí la “desproporción” entre sus bajas y las de los israelíes que han construido refugios antiaéreos en las ciudades que son periódicamente bombardeadas por los cohetes enemigos.
Durante el conflicto en Gaza, los que dicen simpatizar con los palestinos se dedicaron a trazar paralelos canallescos entre Israel y el Tercer Reich nazi a sabiendas de que herirían a todos los judíos, incluyendo a los contrarios al sionismo. Hablaron de “genocidio”, como si los israelíes se hubieran propuesto matar a todos los palestinos, y compararon Gaza con el gueto de Varsovia, pasando por alto, entre otras cosas, que la franja colinda con un país árabe, Egipto, que de haberlo querido pudo haber puesto a todos sus habitantes fuera del alcance de los soldados judíos. La voluntad evidente de muchos occidentales que en su mayoría se imaginan progresistas de equiparar Israel con la Alemania de Hitler no nos dice nada sobre lo que está sucediendo en Medio Oriente, pero es sintomática de los cambios mentales, por calificarlos de algún modo, que están dándose en ciertos círculos europeos muy influyentes. Además de querer liberarse de lo que todavía queda del sentimiento de culpa por haber permitido el Holocausto, asegurándose de que en última instancia los judíos, ellos, son igualmente malos, las élites europeas están dispuestas a ir a virtualmente cualquier extremo para congraciarse con un mundo musulmán turbulento y amenazador. Es tan fuerte la voluntad de convencerse de que la agresividad para nada disimulada de tantos dirigentes islámicos hacia Europa y, claro está, Estados Unidos, se debe por completo al conflicto árabe-israelí, que si la eventual destrucción de Israel sirviera para solucionarlo se trataría de un precio que muchos europeos no vacilarían un solo momento en pagar sin preocuparse en absoluto por las consecuencias. En efecto, la idea de que la creación de Israel fue un error histórico y que por lo tanto convendría corregirlo para alcanzar por fin la paz añorada está abriéndose camino en las capitales del bien llamado “viejo continente”.
Conforme a los sondeos de opinión, el país más antisemita de Europa es España, lo que a primera vista es un tanto paradójico porque si los islamistas lograran eliminar a Israel la recuperación de Andalucía encabezaría su lista de prioridades. Pero como nos enseñó la reacción de los españoles frente al atentado yihadista en Atocha del 11 de marzo del 2004 en que murieron dos centenares de personas, predomina en su país la idea de que la mejor forma de defenderse contra la ira de los guerreros santos consiste en hacer cuanto parezca necesario para apaciguarlos. También los israelíes han tratado de reconciliarse con los árabes, resignándose a convivir con un eventual Estado palestino, pero sus esfuerzos en tal sentido no les han servido para mucho.
Que éste haya sido el caso puede entenderse. Para el mundo musulmán, incluyendo a países tan alejados de Israel como Malasia, Pakistán e Irán, la mera existencia de una nación judía –es decir, una que es obra de una minoría largamente despreciada por su debilidad–, que es próspera, democrática y, lo que es más humillante todavía para pueblos orgullosos de sus tradiciones guerreras, militarmente poderosa, constituye un baldón insoportable. Por lo tanto, es muy escasa la posibilidad de que un día se llegue a un acuerdo de paz que ponga fin al conflicto. También lo es la de que pronto pierda fuerza la ola de antisemitismo que tanta angustia está causando en las comunidades judías de todos los países occidentales.
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